Con la paz en mi corazón

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La paz que traigo ahora en mi pecho
es diferente a la paz que soñé un día.
Cuando se es joven e inmaduro, se cree
que tener paz es poder hacer lo que se quiere,
quedarse en silencio y jamás enfrentar
una contradicción o una decepción.

El tiempo nos va mostrando que la paz
es el resultado del entendimiento de algunas
lecciones importantes que la vida nos ofrece.

La paz está en el dinamismo de la vida,
en el trabajo, en la esperanza, en la confianza, en la fe.

Tener paz es tener la conciencia tranquila,
es tener la certeza de que se hizo lo mejor o,
por lo menos, que se lo intentó.
Tener paz es asumir responsabilidades
y cumplirlas, es tener serenidad
en los momentos difíciles de la vida.

Tener paz es tener oídos que oigan, ojos que vean
y boca que digan palabras que construyan.
Tener paz es tener un corazón que ama,
es admitir la propia imperfección, es reconocer
los miedos, las flaquezas, las carencias.

Tener paz es respetar las opiniones contrarias,
y evitar las ofensas, es aprender de los propios errores,
tener el valor de llorar o de sonreír cuando sea necesario.
Es tener fuerzas para volver atrás, pedir perdón,
rehacer el camino, agradecer.

La paz que ahora traigo en mi pecho
es la tranquilidad de aceptar a los otros como son,
y estar dispuestos a cambiar las propias imperfecciones.
Es la voluntad de compartir lo poco que tengo.
mejorar lo que está a mi alcance, aceptar
lo que no puede ser cambiado, y tener lucidez
para distinguir una cosa de otra.
Es admitir que no siempre tengo la razón.

Tener paz es, por sobre todo, buscar la vida eterna,
el Reino de Dios, viviendo con el corazón puesto
en Él: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro
corazón está inquieto –no estará en paz–
hasta que descanse en ti”. (San Agustín)

P. Javier Leoz

Eres Sabio…

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Eres Sabio cuando no intentas fingir lo que no eres.
Eres Sabio cuando te aceptas y aceptas a los demás.
Eres Sabio cuando no intentas cambiar a los demás.
Eres Sabio cuando reconoces tus tendencias instintivas.
Eres Sabio cuando guías más con el corazón que con la cabeza.
Eres Sabio cuando dejas de juzgarte y juzgar a los demás.
Eres Sabio cuando dejas de culparte y reprocharte.
Eres Sabio cuando has aprendido a sobrellevar el sufrimiento.
Eres Sabio cuando todo lo haces por amor.
Eres Sabio cuando al querer cambiar el mundo primero cambias tú.
Eres Sabio cuando el solo hecho de estar vivo te hace feliz.

Autor | Desconocido

La vida es bella

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Una mujer que se llevaba muy mal con su esposo sufrió un paro cardíaco. Casi a punto de morir, un ángel se presentó ante ella para decirle que, evaluando sus buenas acciones y sus errores no podría entrar al cielo; y le propuso permitirle estar en la tierra unos días más hasta lograr cumplir con las buenas acciones que le faltaban.

La mujer aceptó el trato y se regresó otra vez en su hogar junto a su esposo.
El hombre no le dirigía la palabra porque hacía tiempo que estaban peleados.
Ella pensó:
– Me conviene hacer las paces con este hombre. Está durmiendo en el sofá, hace tiempo dejé de cocinarle. Él ahora está planchando su camisa para salir a trabajar, le daré una sorpresa.
Cuando el hombre salió de la casa, ella empezó a lavar y planchar toda la ropa de él. Preparó una rica comida, puso flores en la mesa con unos candelabros, y un cartel en el sofá que decía:
“Creo que puedes estar más cómodo durmiendo en la cama que fue nuestra. Esa cama donde el amor concibió a nuestros hijos, donde tantas noches los abrazos cubrieron nuestros temores y sentimos la protección y la compañía del otro. Ese amor, aún con vida, nos espera en esa cama. Si puedes perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos”. – Tu Esposa
Cuando terminó de escribir el último renglón “Si puedes perdonar todos mis errores” pensó: ¿me he vuelto loca?, ¿yo voy a pedirle perdón cuando fue él quién empezó a venir enojado de la calle cuando lo echaron de la fábrica y no conseguía trabajo?.
Yo tenía que arreglarme con los pocos ahorros que teníamos haciendo malabares, y todavía tenía que soportar su ceño fruncido. Él empezó a tomar, aplastado en el sillón, exigiendo silencio a los niños que sólo querían jugar.
Él empezó a gritarme cuando yo le decía que así no podíamos seguir, que yo necesitaba dinero para mis hijos. Él lo arruinó todo; y ¿ahora yo tengo que pedirle perdón?
Enfurecida rompió la carta y escuchó la voz del ángel que decía:
“Recuerda: algunas buenas acciones y alcanzarás el cielo, de lo contrario no podrás entrar”.
La mujer pensó:
– ¿Valdrá la pena?, y rehízo la carta agregando aún más palabras cariñosas:
“No supe comprender nada entonces, no supe ver tu preocupación al quedarte sin empleo, luego de tantos años con un salario seguro en esa fábrica. ¡Debiste haber sentido tanto miedo!
Ahora recuerdo tus sueños de “cuando me jubile haremos”. Cuántas cosas querías hacer al jubilarte. Pude haberte impulsado a que las hicieras en lugar de obligarte a aceptar estar todo el día sentado en ese taxi.
Ahora recuerdo aquella noche de locura cuando rompí esas cartas de amor que habías escrito para mí, y prendí fuego a todas las telas de los cuadros que pintabas. En ese momento me enfurecía verte allí, encerrado en ese cuarto gastando nuestro dinero en pomos de pintura para nada, o sentado en ese escritorio escribiendo tonterías para mí. Debí haberte impulsado a vender esos cuadros.
Eran realmente hermosos. Estaba desesperada, yo también me sentía segura con el salario de la fábrica y no supe ver tu dolor, tu miedo, tu agonía. Por favor perdóname mi amor. Te prometo que de hoy en adelante, todo será diferente. Te amo. – Tu Esposa

Cuando el marido regresó del trabajo, al abrir la puerta notó algo distinto; el olor a comida, las velas en la mesa, su música favorita sonando suavemente y la nota en el sofá. Cuando la mujer salió de la cocina con la fuente en la mano, lo encontró tirado en el sillón llorando como un niño. Dejó la fuente, corrió a abrazarlo y no necesitaron decirse nada, lloraron juntos, él la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama; hicieron el amor con la misma pasión del primer día. Luego comieron la exquisita comida que ella había preparado, rieron mucho mientras recordaban anécdotas graciosas de los niños haciendo travesuras en la casa.
Él la ayudó a levantar la mesa como siempre lo hacía, y mientras ella lavaba los platos, vio por la ventana de la cocina que en el jardín estaba el ángel. Salió llorando y le dijo:
– Por favor ángel, intercede por mí. No quiero a este hombre sólo en este día. Necesito un tiempo más para poder impulsarlo con sus cuadros, y tratar de reconstruir esas cartas que sólo para mí y con tanto amor había escrito. Te prometo que en poco tiempo, él estará feliz, seguro; y ahí sí podré ir donde me lleves.
El ángel le contestó:
– No tengo que llevarte a ningún lado, mujer. Ya sabes dónde y cómo empieza el cielo. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está muy cerca.
La mujer oyó la voz de su marido que desde la cocina le gritaba:
– “Mi amor, hace frío, ven a acostarte, mañana será otro día”.
Sí -pensó ella-, gracias a Dios, mañana será otro día…

Recuerda : Mientras mantengas odios y resentimientos en tu corazón, será imposible ser feliz. Lo maravilloso del perdón no es que libera al otro de su eventual culpa, sino que te libera a ti de un sufrimiento para el alma. La vida es muy bella como para mantener sentimientos negativos en nuestro camino.

Los Evangelios

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Los Evangelios narran la historia, doctrina, milagros y hechos de Jesús de Nazaret. El librito de los Evangelios es, quizás, el que más ha conmovido al mundo, el que ha hecho posible que una legión de esforzados seguidores, desde los apóstoles hasta los cristianos más humildes de nuestros días, ofreciesen sus vidas en martirio por la causa del Maestro, Señor y Mesías. ¡Increíble su eficacia!

Conviene siempre distinguir entre “Evangelio” y “Evangelización”. Evangelio es la Buena Noticia, el anuncio de un acontecer de vital importancia. En este sentido podemos hablar del Evangelio del Padre, y del Evangelio del Hijo. Están unidos de modo inseparable. El Evangelio es la Buena Noticia de Dios traída por Jesús al mundo. Es anuncio gozoso de que tenemos un Dios que nos salva por medio de Jesucristo, su Hijo, y con la fuerza del Espíritu Santo. Evangelización es la proclamación de esa Buena Noticia. Cristo ha sido la Buena Noticia pero, al mismo tiempo, ha sido el gran Proclamador, el Evangelizador por excelencia. Y no sólo con sus palabras y milagros, sino con la energía de su propia vida inmolada a favor de nosotros. Sigue leyendo

La plenitud del Espíritu Santo

La plenitud del Espíritu Santo

¡Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles!

A través de Dios Espíritu Santo la Iglesia posee 3 características particulares:

  1. Apertura a lo infinito
  2. Confianza en la verdad
  3. Seguridad en la unidad

El soplo de Dios nos dio capacidades como la inteligencia y la libertad. Cristo, con su sangre nos redimió del pecado. Cristo sopla sobre los hombres y ese leve soplo del resucitado se convierte en un huracán que atrae a la humanidad. Esas antorchas de la Pascua ahora contienen las lenguas de fuego del cielo, Espíritu de Dios que nadie lo apagará.

El bautismo de fuego lo recibieron María y los apóstoles en el cenáculo. Se sienten Iglesia y salen al mundo a predicar.

“¡Lo hemos visto! ¡Somos testigos! ¡No podemos callar y tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres!”.

Todo el pueblo cristiano sigue siendo la misma Iglesia de hace veinte siglos. Es la Iglesia de Pentecostés, un Dios que se hace camino entre los hombres para darles su vida, su verdad, su esencia.

El hombre que no ora, no ha desarrollado toda su fuerza humana; menos aún se ha encontrado con la fuerza Divina. La Iglesia nos enseña a orar para llevar a los hombres este mensaje de amor, es la oración el alma de nuestra Iglesia. Orar es abrir nuestra libertad e inteligencia para entrar en diálogo con Dios creador. ¡Somos sus verdaderos Hijos!

La Iglesia predica, escribe y habla animada por el Espíritu de la verdad frente a los acontecimientos de la vida cotidiana. Dios nos ha dado dones maravillosos para que entre todos organicemos su Reino. Entre todos crear una unidad que es más rica que mi pensamiento individual.

El Espíritu Santo nos une en una sola verdad y en un solo criterio divino a todos los hijos de la Iglesia. Y en todos como dice San Pablo el mismo Espíritu que nos hace converger hacia la unidad.

  • Artículo realizado en base a un escrito editorial del Padre Rafael Costa Diana sdb. – Clam nº253, 2010.

Luche para triunfar

Luche para triunfar

Toda la vida exige lucha. Muchas veces, los que todo lo tienen se vuelven holgazanes, egoístas e insensibles a los verdaderos valores de la vida. Nos hemos convertido quizás en un pueblo que escoge el camino fácil. No nos exigimos a nosotros mismos. No luchamos por extraer más el potencial latente que Dios depositó en nuestro ser.

La lucha hace grande a los hombres. Quienes lo quieren todo fácil son hombres que desean cosechar sin arar la tierra. Sean las que sean las ventajas, obtendremos la victoria luchando. Parte de nuestros problemas consisten en que no hemos luchado con perseverancia. Parte ha consistido en que no hemos sido valientes. El triunfo fácil no es auténtico.

La lucha es esencial. Sin ella no existen ni el crecimiento ni el progreso. El triunfo no viene solo, nosotros lo logramos. Quienes esperan la oportunidad o la suerte desperdiciarán su vida esperando. No hay realización sin esfuerzo.

Luchar es usar y desarrollar todas las fibras de nuestra potencialidad. Es una guerra continua contra todo lo que nos impide convertirnos en la maravillosa persona que Dios quiere que seamos.

No nos gusta luchar y con frecuencia flaqueamos y nos ocultamos. No podremos prosperar hasta el día que el principio de la lucha se convierta en parte integral de nuestra vida.

Es preciso que comprenda este mensaje: existe una relación definitiva entre la lucha y el progreso. El triunfo y felicidad que podría ser mi vida, exige una entrega total a una lucha diaria. Dios creó al hombre para alcanzar una meta por medio del trabajo y el esfuerzo. Luchar significa: COMPETIR CON UNO MISMO, SUPERARSE.

Queremos triunfar pero sin esfuerzo. Nos conformamos a ser mediocres y comenzamos a dejar nuestras tareas para mañana. Nuestro carácter empieza a deteriorarse y así comenzamos a adquirir el hábito de la pereza. Como dijo Andrew Jackson: “Un hombre con valor es una mayoría en sí mismo”. De la lucha nace la victoria. La victoria pertenece a los hombres que nunca dejan de esforzarse, que nunca se dan por vencidos.

Cuando se sienta que todo va en contra suya, al grado que parece que no puede resistir un minuto más, ¡no se rinda! Levántese y empuñe la bandera de sus ideales porque es el tiempo y el lugar justo en que debe triunfar. Jamás se rinda. Jesucristo fundó su Iglesia con pocos hombres y fue creciendo pese a la lucha y la perseverancia. La Iglesia creció porque se creyó en un ideal, porque se tuvo fe, porque se luchó. En esta vida todo se consigue a base de esfuerzo y sacrificio, porque así lo dejó Dios establecido.

La lucha nos ayuda a transformar el mundo en que vivimos y además produce resultados interiores. Se acrecienta el poder de perseverancia, la confianza en sí mismo y la autodisciplina. El hombre crece desde dentro y el que lucha y tiene coraje de hasta morir por sus ideales, crece hasta hacerse un gigante aunque el mundo no se de cuenta. La lucha nos hace grandes, nos hace héroes. No nacimos para ser enanos. La persona que ha aprendido a luchar pone en movimiento un crecimiento interior que perdura. Si comienza hoy a luchar, yo le garantizo un crecimiento y será grande interiormente. Esta es la voluntad de Dios.

Sea sincero con usted mismo. Dígase si no es verdad que muchas veces ha fracasado porque no ha luchado. Debemos reanudar la lucha para dar lo mejor que hay en nosotros cada día.

Si carecemos de la lucha en nuestras vidas es señal de que nuestras metas no han sido establecidas en forma apropiada. Revise su fe en Dios, en usted mismo y vea si está luchando por grandes ideales o si en verdad no tiene metas.

No se olvide que Dios lo mandó a este mundo para hacerlo mejor de lo que está. Usted no puede irse de él sin haberlo dejado un poco mejor. Usted está aquí y es necesario que su presencia se sienta entre nosotros. Y no se olvide que CON DIOS USTED ES INVENCIBLE.

Luche para triunfar
Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.
Sitio Web: Un mensaje al corazón

Enviado por: Ana Rivera

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