La plenitud del Espíritu Santo

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La plenitud del Espíritu Santo

¡Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles!

A través de Dios Espíritu Santo la Iglesia posee 3 características particulares:

  1. Apertura a lo infinito
  2. Confianza en la verdad
  3. Seguridad en la unidad

El soplo de Dios nos dio capacidades como la inteligencia y la libertad. Cristo, con su sangre nos redimió del pecado. Cristo sopla sobre los hombres y ese leve soplo del resucitado se convierte en un huracán que atrae a la humanidad. Esas antorchas de la Pascua ahora contienen las lenguas de fuego del cielo, Espíritu de Dios que nadie lo apagará.

El bautismo de fuego lo recibieron María y los apóstoles en el cenáculo. Se sienten Iglesia y salen al mundo a predicar.

“¡Lo hemos visto! ¡Somos testigos! ¡No podemos callar y tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres!”.

Todo el pueblo cristiano sigue siendo la misma Iglesia de hace veinte siglos. Es la Iglesia de Pentecostés, un Dios que se hace camino entre los hombres para darles su vida, su verdad, su esencia.

El hombre que no ora, no ha desarrollado toda su fuerza humana; menos aún se ha encontrado con la fuerza Divina. La Iglesia nos enseña a orar para llevar a los hombres este mensaje de amor, es la oración el alma de nuestra Iglesia. Orar es abrir nuestra libertad e inteligencia para entrar en diálogo con Dios creador. ¡Somos sus verdaderos Hijos!

La Iglesia predica, escribe y habla animada por el Espíritu de la verdad frente a los acontecimientos de la vida cotidiana. Dios nos ha dado dones maravillosos para que entre todos organicemos su Reino. Entre todos crear una unidad que es más rica que mi pensamiento individual.

El Espíritu Santo nos une en una sola verdad y en un solo criterio divino a todos los hijos de la Iglesia. Y en todos como dice San Pablo el mismo Espíritu que nos hace converger hacia la unidad.

  • Artículo realizado en base a un escrito editorial del Padre Rafael Costa Diana sdb. – Clam nº253, 2010.

Luche para triunfar

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Luche para triunfar

Toda la vida exige lucha. Muchas veces, los que todo lo tienen se vuelven holgazanes, egoístas e insensibles a los verdaderos valores de la vida. Nos hemos convertido quizás en un pueblo que escoge el camino fácil. No nos exigimos a nosotros mismos. No luchamos por extraer más el potencial latente que Dios depositó en nuestro ser.

La lucha hace grande a los hombres. Quienes lo quieren todo fácil son hombres que desean cosechar sin arar la tierra. Sean las que sean las ventajas, obtendremos la victoria luchando. Parte de nuestros problemas consisten en que no hemos luchado con perseverancia. Parte ha consistido en que no hemos sido valientes. El triunfo fácil no es auténtico.

La lucha es esencial. Sin ella no existen ni el crecimiento ni el progreso. El triunfo no viene solo, nosotros lo logramos. Quienes esperan la oportunidad o la suerte desperdiciarán su vida esperando. No hay realización sin esfuerzo.

Luchar es usar y desarrollar todas las fibras de nuestra potencialidad. Es una guerra continua contra todo lo que nos impide convertirnos en la maravillosa persona que Dios quiere que seamos.

No nos gusta luchar y con frecuencia flaqueamos y nos ocultamos. No podremos prosperar hasta el día que el principio de la lucha se convierta en parte integral de nuestra vida.

Es preciso que comprenda este mensaje: existe una relación definitiva entre la lucha y el progreso. El triunfo y felicidad que podría ser mi vida, exige una entrega total a una lucha diaria. Dios creó al hombre para alcanzar una meta por medio del trabajo y el esfuerzo. Luchar significa: COMPETIR CON UNO MISMO, SUPERARSE.

Queremos triunfar pero sin esfuerzo. Nos conformamos a ser mediocres y comenzamos a dejar nuestras tareas para mañana. Nuestro carácter empieza a deteriorarse y así comenzamos a adquirir el hábito de la pereza. Como dijo Andrew Jackson: “Un hombre con valor es una mayoría en sí mismo”. De la lucha nace la victoria. La victoria pertenece a los hombres que nunca dejan de esforzarse, que nunca se dan por vencidos.

Cuando se sienta que todo va en contra suya, al grado que parece que no puede resistir un minuto más, ¡no se rinda! Levántese y empuñe la bandera de sus ideales porque es el tiempo y el lugar justo en que debe triunfar. Jamás se rinda. Jesucristo fundó su Iglesia con pocos hombres y fue creciendo pese a la lucha y la perseverancia. La Iglesia creció porque se creyó en un ideal, porque se tuvo fe, porque se luchó. En esta vida todo se consigue a base de esfuerzo y sacrificio, porque así lo dejó Dios establecido.

La lucha nos ayuda a transformar el mundo en que vivimos y además produce resultados interiores. Se acrecienta el poder de perseverancia, la confianza en sí mismo y la autodisciplina. El hombre crece desde dentro y el que lucha y tiene coraje de hasta morir por sus ideales, crece hasta hacerse un gigante aunque el mundo no se de cuenta. La lucha nos hace grandes, nos hace héroes. No nacimos para ser enanos. La persona que ha aprendido a luchar pone en movimiento un crecimiento interior que perdura. Si comienza hoy a luchar, yo le garantizo un crecimiento y será grande interiormente. Esta es la voluntad de Dios.

Sea sincero con usted mismo. Dígase si no es verdad que muchas veces ha fracasado porque no ha luchado. Debemos reanudar la lucha para dar lo mejor que hay en nosotros cada día.

Si carecemos de la lucha en nuestras vidas es señal de que nuestras metas no han sido establecidas en forma apropiada. Revise su fe en Dios, en usted mismo y vea si está luchando por grandes ideales o si en verdad no tiene metas.

No se olvide que Dios lo mandó a este mundo para hacerlo mejor de lo que está. Usted no puede irse de él sin haberlo dejado un poco mejor. Usted está aquí y es necesario que su presencia se sienta entre nosotros. Y no se olvide que CON DIOS USTED ES INVENCIBLE.

Luche para triunfar
Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.
Sitio Web: Un mensaje al corazón

Enviado por: Ana Rivera

* Léelo en nuestro grupo yahoo JESUS AMIGO mensaje 15837 Luche para triunfar

Quítame lo que quieras pero no la alegría

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Quítame lo que quieras pero no la alegría

Cuentos
Son innumerables los beneficios que acarrea una simple sonrisa: ahuyenta la tristeza, la melancolía, la depresión…

Por: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD | Fuente: Catholic.net

Cuenta una anécdota que yendo santa Teresa a hacer las escrituras de una de las fundaciones, preguntó al escribano, después de hechas, cuánto eran sus honorarios. Éste le contestó con desparpajo:

– Solamente un beso.

Y la santa se lo dio, natural y sonriente, al tiempo que exclamaba:

– Nunca una escritura me salió tan barata.

El pueblo ha visto en Santa Teresa de Jesús la santa del buen humor, de la gracia y del donaire. Estaba dotada verdaderamente de gracias naturales como la jovialidad, espontaneidad, cordialidad, afabilidad y sencillez. María de la Encarnación nos dice que “era muy discreta, y alegre con gran santidad, y enemiga de santidades tristes y encapotadas, sino que fuesen los espíritus alegres en el Señor, y por esta causa corregía a sus monjas si andaban tristes, y les decía que mientras les durase la alegría les duraría el espíritu”.

La vida de sacrificio y penitencia no la consideraba reñida con la alegría. Tanta importancia daba a la hora de la recreación como a la de la oración. Así ponía gran empeño en que las monjas participaran del momento de la recreación y pudieran compartir libremente. En cierta ocasión, estando en Medina del Campo, reprimió severamente a la hermana Alberta, que se quejaba: “¿Ahora nos llaman a cantar? Mejor fuera para contemplar”.

Gozaba de gran libertad para hablar de sí misma, de sus dolores y achaques. Bromeaba con la Inquisición, ponía apodos con gracia. Al pintor Fray Juan de la Miseria, que la retrató, le dijo: “Dios te perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste podías haberme sacado menos fea y legañosa”.

Santa Teresa fue una mujer madura, capaz de maravillarse y asombrarse de las cosas de cada día. Ella nos dejó esta frase célebre: “También entre los pucheros anda Dios”, gozó con todo lo creado. De su fe en este Dios cercano, vivo en cada cosa y acontecimiento, le brotó esa alegría natural y contagiosa. A brazo partido luchó para que sus monasterios gozaran de este ambiente de libertad donde se respirase a un Dios alegre, capaz de llenar de felicidad cualquier corazón humano.

Un grupo de matrimonios americanos que regresaban a su patria acudió a visitar a la Madre Teresa. Al despedirse le pidieron un consejo para su vida de familia. “Sonrían a sus mujeres”, dijo a los hombres. “Sonrían a sus maridos”, dijo después a las mujeres. Extrañado alguno de ellos, preguntó a la religiosa: “¿Usted está casada?”. Y la Madre Teresa, sin perder la sonrisa, sorprendió a los presentes con esta respuesta: “Naturalmente que estoy casada. Y créame que no siempre me es fácil sonreír a mi marido. Porque Jesús es un esposo muy exigente”.

¿Si podemos enamorarnos de personas y de cosas, si nuestro corazón queda prendado de una puesta de sol o de un paisaje tropical, por qué no nos vamos a poder enamorar de Dios? Dichosos aquellos que se enamoran radicalmente de Dios, porque su vida será una fuente inagotable de paz, de alegría y de felicidad.

El amor a Dios es un mandato para todos los creyentes. No es especialidad o exclusividad de una cultura, época, edad o estado. Lo que importa es el amor, no la manera de expresar ese amor.

Se puede amar en el silencio de una noche y en medio del bullicio del día. No dejamos de amar a los nuestros cuando trabajamos o cuando estamos de brazos cruzados, cuando sonreímos o cuando lloramos. Lo que importa es amar.

Siempre que amamos a Dios lo debemos demostrar con la vida amando al hermano. Y al hermano también se le puede demostrar el amor de mil maneras. La mamá ama a su hijo cuando lo mece, cuando lo corrige, cuando le da de comer, cuando lo lleva al médico…

El cristianismo se puede vivir de varias formas. Lo importante no es el modo que se elige, la vocación o profesión. Lo importante es ser y vivir lo que se cree, pues cualquier trabajo se pude hacer a la perfección o rayando la mediocridad. Y si uno es mediocre, no es por la profesión o vocación que se ejerce, sino por la talla de la propia persona.

Podemos sonreír a todo y en todo. Un poco de alegría vale más que todo el oro del mundo. Son innumerables los beneficios que acarrea una simple sonrisa: ahuyenta la tristeza, la melancolía, la depresión… La sonrisa rejuvenece, sana las heridas del pasado, abre horizontes al futuro y pone alas en el alma. La sonrisa es la mejor medicina para el cuerpo y para el alma. La alegría más auténtica nace del corazón.

Consciente san Pablo de la importancia de la alegría, repetía machaconamente a los cristianos que siempre estuvieran alegres. No nos debe extrañar, pues, el consejo de la Madre Teresa a los matrimonios: “Sonrían”. Quizá debamos repetir con Neruda: “Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu sonrisa porque moriría”.

No aceptar un “no”

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“En septiembre de 1980 -cuenta la Madre Teresa de Calcuta-, estuve en el Berlín Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que debía quedarse allí para iniciar la labor. Habíamos solicitado el correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía, le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24 horas; son muy estrictos en eso… Así pues, nos pusimos a rezar “Acordaos” a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo… Pero como nunca aceptamos un “no” por respuesta, seguimos rezando y, al octavo “Acordaos”, volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo: “Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse…” Le habían concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la Virgen”.
 
Madre mía, auméntame la fe y que me dé cuenta de que las cosas que son para bien de Dios o de los demás, el “no” quiere decir “sigue rezando”. Tú siempre nos escuchas.
 
Continúa hablándole a Dios con tus palabras.

Abra por favor la siguiente pagina WEB
 
 
 
Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS
 
P.D. No olvide que hay hermanos que también necesitan oraciones, cuando sea menester con sus oraciones.
 
wpauta@gmail.com
Enviado por: Winston Pauta Avila

Escuchen mi voz

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Ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación.

Escuchen mi voz

Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Jesucristo nuestro Señor no quiere dejarnos solos. Quiere ser Él el que nos acompañe, quiere ser Él el que camina junto a nosotros: “Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré para que les vaya bien”. Éstas son las palabras con las que nuestro Señor exhorta al pueblo, a través del profeta, a escuchar y a seguir el camino de Dios

Cristo, en el Evangelio, nos narra la parábola del hombre fuerte que tiene sus tesoros custodiados, hasta que llega alguien más fuerte que él y lo vence. Quién sabe si nuestra alma es así: como un hombre fuerte bien armado, dispuesto a defenderse, dispuesto a no permitir que nadie toque ciertos tesoros. Sin embargo, Dios nuestro Señor —más fuerte sin duda—, quizá logre entrar en el castillo y logre arrebatarnos aquello que nosotros le tenemos todavía prohibido, le tenemos todavía vedado. Cristo es más fuerte que nosotros. Y no es más fuerte porque nos violente, sino que es más fuerte porque nos ama más.

Es el amor de Jesucristo el que llega a nuestra alma y el que viene a arrebatar en nuestro interior. Es al amor de Jesucristo el que no se conforma con un compromiso mediocre, con una vida cristiana tibia, con una vida espiritual vacía. Y Cristo quiere todo, según nuestro estado de vida: quiere todo en nuestra vida conyugal, quiere todo en nuestra vida familiar, quiere todo en nuestra vida social.

“Escuchen mi voz”. Estas palabras tienen que resonar constantemente en nosotros a lo largo del tiempo cuaresmal. Si Dios nuestro Señor ha inquietado nuestra alma, si Dios nuestro Señor no ha dejado tranquilo nuestro corazón, si nos ha buscado, si nos ha asediado, si nos ha tomado, si nos ha conquistado, no es ahora para dejarnos solitarios por la vida, sino porque el primero que se compromete a llevar adelante nuestra vocación cristiana es Él, y va a estar con nosotros. La pregunta que nosotros tenemos que hacernos es: ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo o estamos dispuestos a abandonarlo?

Al final de la lectura del profeta Jeremías, aparece una frase muy triste: “De este pueblo dirá: Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, ni aceptó la corrección; ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca”.

Está en nuestras manos dar fruto. Está en nuestras manos perseverar. Está en nuestras manos el continuar adelante con nuestro compromiso de cristianos en la sociedad. De nosotros depende y a nosotros nos toca que Jesucristo pueda seguir caminando con nosotros, yendo a nuestro lado. El Señor vuelve a buscarnos hoy, el Señor vuelve a estar con nosotros, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Cuál va a ser nuestro comportamiento si nuestro Señor viene a nuestro corazón?

Jesús, al final del Evangelio, nos lanza un reto: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Un reto que es una responsabilidad: o estamos con Él y recogemos con Él; o estamos contra Él, desparramando. No nos deja alternativas. O tomamos nuestra vida y la ponemos junto con Él, la recogemos con Él, la hacemos fructificar, la hacemos vivir, la hacemos llenarse, la hacemos ser testigos cristianos de los hombres, o simplemente nos vamos a desparramar.

¿Quién de nosotros aceptaría ver su vida desparramada? ¿Quién de nosotros toleraría que su existencia simplemente corriese? ¿No nos interesa tenerla verdaderamente rica, no nos interesa tenerla verdaderamente comprometida junto a Jesucristo nuestro Señor? Esto no se puede quedar en palabras, tenemos necesidad de llevarlo a los demás. Esto es obra de todos los días, es un compromiso cotidiano que está en nuestras manos.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos guíe para comprometernos con nuestra fe, para comprometernos con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La Iglesia que se nos ha entregado, viniendo desde muchas generaciones. La Iglesia de los mártires, la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los confesores. La Iglesia que ha llegado a nosotros a través de dos mil años por medio de la sangre de muchos que creyeron en lo mismo que creemos nosotros. La Iglesia que es para nosotros el camino de santificación, y que es la Iglesia que nosotros tenemos que transmitir a las siguientes generaciones con la misma fidelidad, con la misma ilusión, con el mismo vigor con que a nosotros llegó.

Pidámosle al Señor que la podamos transmitir íntegra a las generaciones que vienen detrás y la podamos extender a las generaciones que conviven con nosotros y que todavía no conocen a Cristo.

Este compromiso no es un compromiso hacia dentro, sino que es un compromiso hacia afuera. Un compromiso que nace de un corazón decidido, pero que tiene que transformarse en acción eficaz, en evangelización para el bien de los hombres.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos conceda la gracia de recoger con Él, la gracia de estar siempre a favor de Él, de escuchar su voz y de caminar por el camino que Él nos muestra, para ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación, una respuesta a los interrogantes que hay en tantos corazones, y que sólo nuestro Señor Jesucristo puede llegar a responder.

Tu Padre que está en lo secreto

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Tu Padre que esta en lo secreto

Es en la oración donde gozamos de la presencia de Dios y la grandeza de su amor.

Del santo Evangelio según san Mateo: 6, 1-6 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te compensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, si no tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará»

Oración introductoria
Padre mío, vengo a encontrarme en este momento contigo. Vengo como un niño a ponerse en los brazos de su padre. Vengo a dejar de lado las preocupaciones de la vida para entrar a lo oculto de mi corazón donde Tú has querido quedarte. Pongo toda mi confianza en tu amor y misericordia. Inicio esta Cuaresma con un deseo sincero de crecer en la fe y en el amor, preparándome con decisión y generosidad en celebrar los misterios de tu pasión, muerte y resurrección.

Petición
Concédeme la gracia de aprender a vivir sólo para ti, para que todos los momentos de mi día, el trabajo, el estudio, mis quehaceres del hogar las viva por amor a ti.

Meditación del Papa Francisco
La palabra clave de la Cuaresma, un tiempo favorable para acercarse a Jesús. Todos tenemos que cambiar de vida, buscar el bien en nuestra alma, donde siempre encontraremos algo. La Cuaresma es precisamente este arreglar la vida acercándose al Señor que nos quiere cerca y nos asegura que nos espera para perdonarnos. No obstante, el Señor quiere un acercamiento sincero y nos pone en guardia de ser hipócritas.

¿Qué hacen los hipócritas? Se maquillan, se maquillan de buenos: ponen cara de estampita, rezan mirando al cielo, se muestran, se consideran más justos que los demás, desprecian a los otros. […]

¿Cuál es el signo de que vamos por el buen camino? ‘Socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda. Ocuparse del prójimo: del enfermo, del pobre, del que tiene necesidad, del ignorante. Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que están ciegos para mirar a los demás. Cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Señor le hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Este es el signo, este es el signo de la conversión. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 18 de marzo de 2014, en Santa Marta).

Reflexión
La base de toda vida espiritual sólida es la oración. Es en la oración donde gozamos de la presencia de Dios y descubrimos la grandeza de su amor. Es allí donde adquieren sentido nuestras alegrías y nuestras tristezas. Pero la oración nunca se queda en vernos a nosotros, sino que nos lleva a contemplar las necesidades de los demás como las necesidades de Dios mismo.

  • Propósito
    Cumplir, por amor a Cristo, con el ayuno prescrito para el día de hoy.

Diálogo con Cristo
Señor, inicio esta Cuaresma con mucho entusiasmo y mucho amor, te agradezco el gran don de la oración. Gracias por que me quieres tanto que te has quedado en lo escondido, en el fondo de mi corazón, para hacerme compañía. Gracias por que me haces escuchar tu voz; porque me muestras tu amorosa voluntad, único camino en el que encuentro la verdadera felicidad.

La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre (San Agustín)

Autor: Alejandro Carrión | Fuente: Catholic.net

Imagen: corazones.org

La Iglesia es Comunión

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La Iglesia es comunion

Con la ayuda de Dios examinaremos cual es el fondo de la caridad que Dios nos da, para amarlo y para amar a los demás.

La comunión se puede comparar a nuestro cuerpo. Como seres vivos tenemos muchas partes y todas esas partes tienen una sola y misma vida. A su vez aunque cada parte sea distinta en su forma y función siempre preserva algo en común con el resto: la vida.
El cuerpo necesita de sus partes y que éstas tengan su misma vida, la del cuerpo total.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo Jesús. Jesús es la cabeza y nosotros sus miembros. Lo que nos une a Cristo es la vida misma de Dios y lo que nos hace tener comunión con Él y nos permite a todos los miembros de la Iglesia ser uno solo es el Amor.

El Espíritu Santo da la vida de Dios, que hace la unidad, o sea el Espíritu Santo es también el autor de la Unidad de la Iglesia.

Comunión significa nuestra unión a Dios por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo.

La comunión nos hace ser un solo ser vivo, un solo Cristo, con Jesús a nuestra cabeza.
La Iglesia así unida es también el instrumento para hacer la unidad de toda la humanidad.
La comunión es lo más profundo de la verdadera relación con el prójimo; es lo que el Espíritu Santo hace en nosotros.

Dios es amor. La vida que nos da el Espíritu Santo es el Amor. La vida de Dios que se nos comunica es la que nos hace también ser uno.

  • Somos el Cuerpo de Cristo y tenemos que servirnos unos a otros.
  • La vida comunitaria es necesaria para vivir cristianamente. Vive la comunidad especialmente con otras personas en tu parroquia.
  • Pon tu carisma, lo que tú sepas hacer, al servicio generoso y gratuito de los demás.
  • Ejercita la virtud de la conducta de los miembros del Cuerpo de Cristo.
  • Usa hoy tus capacidades para que otros lleguen al conocimiento de Cristo.
  • Acércate a la comunión eucarística con la conciencia de formar uno solo con Cristo.
  • Acércate a quienes tienen más que tú, necesidades materiales y dales amor.

Citas recomendadas:
1 Jn. 4, 12 “Si nos amamos unos a otros Dios permanece en nosotros y su Amor a llegado en nosotros a su plenitud”.
1 Jn. 1, 7 “Si caminamos en la luz estamos en comunión unos con otros”.

Fuente: “Crecer en las manos del Padre hasta la total plenitud de Dios” Libro 3 – La caridad, Equipo Pastoral Nacional (Acapulco).

Modo de rezar el Rosario

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Modo de rezar el Rosario

Guía: Por la señal de la Santa Cruz…
Todos: Acto de contrición. Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Guía: Los misterios del Rosario que vamos a contemplar en este día son (Lunes y Sábado: los Gozosos; Jueves: los Luminosos; Martes y Viernes: los Dolorosos; Miércoles y Domingo: los Gloriosos); y se van enunciando cada uno de los cinco misterios correspondientes.
Guía: Padre nuestro…
Todos: Danos hoy…
Guía: Dios te salva, María…
Todos: Santa María… (se repite diez veces)
Después de las diez Avemarías se dice:
Guía: Gloria al Padre…
Todos: Como era en el principio…

Fuente | “El Santo Rosario” Editorial San Pablo
Imagen | rincondelaoracion.blogspot.com

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