No aceptar un “no”

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“En septiembre de 1980 -cuenta la Madre Teresa de Calcuta-, estuve en el Berlín Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que debía quedarse allí para iniciar la labor. Habíamos solicitado el correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía, le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24 horas; son muy estrictos en eso… Así pues, nos pusimos a rezar “Acordaos” a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo… Pero como nunca aceptamos un “no” por respuesta, seguimos rezando y, al octavo “Acordaos”, volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo: “Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse…” Le habían concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la Virgen”.
 
Madre mía, auméntame la fe y que me dé cuenta de que las cosas que son para bien de Dios o de los demás, el “no” quiere decir “sigue rezando”. Tú siempre nos escuchas.
 
Continúa hablándole a Dios con tus palabras.

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P.D. No olvide que hay hermanos que también necesitan oraciones, cuando sea menester con sus oraciones.
 
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Enviado por: Winston Pauta Avila

Escuchen mi voz

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Ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación.

Escuchen mi voz

Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Jesucristo nuestro Señor no quiere dejarnos solos. Quiere ser Él el que nos acompañe, quiere ser Él el que camina junto a nosotros: “Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré para que les vaya bien”. Éstas son las palabras con las que nuestro Señor exhorta al pueblo, a través del profeta, a escuchar y a seguir el camino de Dios

Cristo, en el Evangelio, nos narra la parábola del hombre fuerte que tiene sus tesoros custodiados, hasta que llega alguien más fuerte que él y lo vence. Quién sabe si nuestra alma es así: como un hombre fuerte bien armado, dispuesto a defenderse, dispuesto a no permitir que nadie toque ciertos tesoros. Sin embargo, Dios nuestro Señor —más fuerte sin duda—, quizá logre entrar en el castillo y logre arrebatarnos aquello que nosotros le tenemos todavía prohibido, le tenemos todavía vedado. Cristo es más fuerte que nosotros. Y no es más fuerte porque nos violente, sino que es más fuerte porque nos ama más.

Es el amor de Jesucristo el que llega a nuestra alma y el que viene a arrebatar en nuestro interior. Es al amor de Jesucristo el que no se conforma con un compromiso mediocre, con una vida cristiana tibia, con una vida espiritual vacía. Y Cristo quiere todo, según nuestro estado de vida: quiere todo en nuestra vida conyugal, quiere todo en nuestra vida familiar, quiere todo en nuestra vida social.

“Escuchen mi voz”. Estas palabras tienen que resonar constantemente en nosotros a lo largo del tiempo cuaresmal. Si Dios nuestro Señor ha inquietado nuestra alma, si Dios nuestro Señor no ha dejado tranquilo nuestro corazón, si nos ha buscado, si nos ha asediado, si nos ha tomado, si nos ha conquistado, no es ahora para dejarnos solitarios por la vida, sino porque el primero que se compromete a llevar adelante nuestra vocación cristiana es Él, y va a estar con nosotros. La pregunta que nosotros tenemos que hacernos es: ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo o estamos dispuestos a abandonarlo?

Al final de la lectura del profeta Jeremías, aparece una frase muy triste: “De este pueblo dirá: Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, ni aceptó la corrección; ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca”.

Está en nuestras manos dar fruto. Está en nuestras manos perseverar. Está en nuestras manos el continuar adelante con nuestro compromiso de cristianos en la sociedad. De nosotros depende y a nosotros nos toca que Jesucristo pueda seguir caminando con nosotros, yendo a nuestro lado. El Señor vuelve a buscarnos hoy, el Señor vuelve a estar con nosotros, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Cuál va a ser nuestro comportamiento si nuestro Señor viene a nuestro corazón?

Jesús, al final del Evangelio, nos lanza un reto: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Un reto que es una responsabilidad: o estamos con Él y recogemos con Él; o estamos contra Él, desparramando. No nos deja alternativas. O tomamos nuestra vida y la ponemos junto con Él, la recogemos con Él, la hacemos fructificar, la hacemos vivir, la hacemos llenarse, la hacemos ser testigos cristianos de los hombres, o simplemente nos vamos a desparramar.

¿Quién de nosotros aceptaría ver su vida desparramada? ¿Quién de nosotros toleraría que su existencia simplemente corriese? ¿No nos interesa tenerla verdaderamente rica, no nos interesa tenerla verdaderamente comprometida junto a Jesucristo nuestro Señor? Esto no se puede quedar en palabras, tenemos necesidad de llevarlo a los demás. Esto es obra de todos los días, es un compromiso cotidiano que está en nuestras manos.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos guíe para comprometernos con nuestra fe, para comprometernos con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La Iglesia que se nos ha entregado, viniendo desde muchas generaciones. La Iglesia de los mártires, la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los confesores. La Iglesia que ha llegado a nosotros a través de dos mil años por medio de la sangre de muchos que creyeron en lo mismo que creemos nosotros. La Iglesia que es para nosotros el camino de santificación, y que es la Iglesia que nosotros tenemos que transmitir a las siguientes generaciones con la misma fidelidad, con la misma ilusión, con el mismo vigor con que a nosotros llegó.

Pidámosle al Señor que la podamos transmitir íntegra a las generaciones que vienen detrás y la podamos extender a las generaciones que conviven con nosotros y que todavía no conocen a Cristo.

Este compromiso no es un compromiso hacia dentro, sino que es un compromiso hacia afuera. Un compromiso que nace de un corazón decidido, pero que tiene que transformarse en acción eficaz, en evangelización para el bien de los hombres.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos conceda la gracia de recoger con Él, la gracia de estar siempre a favor de Él, de escuchar su voz y de caminar por el camino que Él nos muestra, para ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación, una respuesta a los interrogantes que hay en tantos corazones, y que sólo nuestro Señor Jesucristo puede llegar a responder.

Tu Padre que está en lo secreto

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Tu Padre que esta en lo secreto

Es en la oración donde gozamos de la presencia de Dios y la grandeza de su amor.

Del santo Evangelio según san Mateo: 6, 1-6 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te compensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, si no tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará»

Oración introductoria
Padre mío, vengo a encontrarme en este momento contigo. Vengo como un niño a ponerse en los brazos de su padre. Vengo a dejar de lado las preocupaciones de la vida para entrar a lo oculto de mi corazón donde Tú has querido quedarte. Pongo toda mi confianza en tu amor y misericordia. Inicio esta Cuaresma con un deseo sincero de crecer en la fe y en el amor, preparándome con decisión y generosidad en celebrar los misterios de tu pasión, muerte y resurrección.

Petición
Concédeme la gracia de aprender a vivir sólo para ti, para que todos los momentos de mi día, el trabajo, el estudio, mis quehaceres del hogar las viva por amor a ti.

Meditación del Papa Francisco
La palabra clave de la Cuaresma, un tiempo favorable para acercarse a Jesús. Todos tenemos que cambiar de vida, buscar el bien en nuestra alma, donde siempre encontraremos algo. La Cuaresma es precisamente este arreglar la vida acercándose al Señor que nos quiere cerca y nos asegura que nos espera para perdonarnos. No obstante, el Señor quiere un acercamiento sincero y nos pone en guardia de ser hipócritas.

¿Qué hacen los hipócritas? Se maquillan, se maquillan de buenos: ponen cara de estampita, rezan mirando al cielo, se muestran, se consideran más justos que los demás, desprecian a los otros. […]

¿Cuál es el signo de que vamos por el buen camino? ‘Socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda. Ocuparse del prójimo: del enfermo, del pobre, del que tiene necesidad, del ignorante. Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que están ciegos para mirar a los demás. Cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Señor le hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Este es el signo, este es el signo de la conversión. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 18 de marzo de 2014, en Santa Marta).

Reflexión
La base de toda vida espiritual sólida es la oración. Es en la oración donde gozamos de la presencia de Dios y descubrimos la grandeza de su amor. Es allí donde adquieren sentido nuestras alegrías y nuestras tristezas. Pero la oración nunca se queda en vernos a nosotros, sino que nos lleva a contemplar las necesidades de los demás como las necesidades de Dios mismo.

  • Propósito
    Cumplir, por amor a Cristo, con el ayuno prescrito para el día de hoy.

Diálogo con Cristo
Señor, inicio esta Cuaresma con mucho entusiasmo y mucho amor, te agradezco el gran don de la oración. Gracias por que me quieres tanto que te has quedado en lo escondido, en el fondo de mi corazón, para hacerme compañía. Gracias por que me haces escuchar tu voz; porque me muestras tu amorosa voluntad, único camino en el que encuentro la verdadera felicidad.

La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre (San Agustín)

Autor: Alejandro Carrión | Fuente: Catholic.net

Imagen: corazones.org

La Iglesia es Comunión

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La Iglesia es comunion

Con la ayuda de Dios examinaremos cual es el fondo de la caridad que Dios nos da, para amarlo y para amar a los demás.

La comunión se puede comparar a nuestro cuerpo. Como seres vivos tenemos muchas partes y todas esas partes tienen una sola y misma vida. A su vez aunque cada parte sea distinta en su forma y función siempre preserva algo en común con el resto: la vida.
El cuerpo necesita de sus partes y que éstas tengan su misma vida, la del cuerpo total.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo Jesús. Jesús es la cabeza y nosotros sus miembros. Lo que nos une a Cristo es la vida misma de Dios y lo que nos hace tener comunión con Él y nos permite a todos los miembros de la Iglesia ser uno solo es el Amor.

El Espíritu Santo da la vida de Dios, que hace la unidad, o sea el Espíritu Santo es también el autor de la Unidad de la Iglesia.

Comunión significa nuestra unión a Dios por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo.

La comunión nos hace ser un solo ser vivo, un solo Cristo, con Jesús a nuestra cabeza.
La Iglesia así unida es también el instrumento para hacer la unidad de toda la humanidad.
La comunión es lo más profundo de la verdadera relación con el prójimo; es lo que el Espíritu Santo hace en nosotros.

Dios es amor. La vida que nos da el Espíritu Santo es el Amor. La vida de Dios que se nos comunica es la que nos hace también ser uno.

  • Somos el Cuerpo de Cristo y tenemos que servirnos unos a otros.
  • La vida comunitaria es necesaria para vivir cristianamente. Vive la comunidad especialmente con otras personas en tu parroquia.
  • Pon tu carisma, lo que tú sepas hacer, al servicio generoso y gratuito de los demás.
  • Ejercita la virtud de la conducta de los miembros del Cuerpo de Cristo.
  • Usa hoy tus capacidades para que otros lleguen al conocimiento de Cristo.
  • Acércate a la comunión eucarística con la conciencia de formar uno solo con Cristo.
  • Acércate a quienes tienen más que tú, necesidades materiales y dales amor.

Citas recomendadas:
1 Jn. 4, 12 “Si nos amamos unos a otros Dios permanece en nosotros y su Amor a llegado en nosotros a su plenitud”.
1 Jn. 1, 7 “Si caminamos en la luz estamos en comunión unos con otros”.

Fuente: “Crecer en las manos del Padre hasta la total plenitud de Dios” Libro 3 – La caridad, Equipo Pastoral Nacional (Acapulco).

Modo de rezar el Rosario

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Modo de rezar el Rosario

Guía: Por la señal de la Santa Cruz…
Todos: Acto de contrición. Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Guía: Los misterios del Rosario que vamos a contemplar en este día son (Lunes y Sábado: los Gozosos; Jueves: los Luminosos; Martes y Viernes: los Dolorosos; Miércoles y Domingo: los Gloriosos); y se van enunciando cada uno de los cinco misterios correspondientes.
Guía: Padre nuestro…
Todos: Danos hoy…
Guía: Dios te salva, María…
Todos: Santa María… (se repite diez veces)
Después de las diez Avemarías se dice:
Guía: Gloria al Padre…
Todos: Como era en el principio…

Fuente | “El Santo Rosario” Editorial San Pablo
Imagen | rincondelaoracion.blogspot.com