bautismo

Que tu presencia María

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Que tu presencia, María,
nos ayude a vivir nuestra fe,
para proclamar, como tú, a todo el mundo
las obras maravillosas de nuestro Dios.

Nuestra fe es débil
como una mecha humeante,
haz tú que podamos brillar
como antorchas encendidas en el mundo.

En nuestro Bautismo
recibimos la luz de Cristo, tu hijo,
y nos convertimos en ‘hijos de la Luz’.

Te pedimos que nos ayudes a ser fieles
a este don divino,
con el calor del amor que se comunica,
con la generosidad de nuestra entrega,
con la luz de la fe que se propaga.

Amén

Moniciones para la fiesta Bautismo del Señor

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Autor: P Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

Bautismo del Señor – Ciclo C

Monición de entrada:

Hermanos en Cristo, hoy celebramos el Bautismo de Jesús en el río Jordán y con esta fiesta terminamos el gran tiempo navideño. Al salir Jesús del agua, el Padre proclama que Jesús es su Hijo muy amado y el Espíritu Santo, se posa sobre Él. Luego de esto, Jesús empieza su misión tal y como la vamos a ver en las dos primeras lecturas. Nosotros también, en virtud de nuestro Bautismo, estamos llamados a continuar la misión de Cristo en el mundo de hoy. Demos gracias a Dios y comencemos cantando con entusiasmo el cántico de entrada.

Primera lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7 (Miren mi siervo, a quien sostengo)

Ésta lectura, tomada del libro de Isaías, es el primer cántico del siervo del Señor. Este siervo está llamado por Dios y formado por El para traer la justicia a las naciones. Él es humilde pero lleno de fortaleza; es el preferido de Dios y ungido por el Espíritu Santo. Escuchemos.

Segunda lectura: Hechos 10, 34-38 (Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu)

La segunda lectura es del libro de los hechos de los apóstoles. Ella resume enseñanza fundamental sobre Cristo, quien fue bautizado y ungido por Dios con la fuerza del Espíritu. Por eso tuvo el poder de proclamar el reino de Dios y de curar a los enfermos, porque Dios estaba con Él. Escuchemos atentamente.

Tercera lectura: Lucas 3, 15-16.21-22 (Bautismo de Jesús)

El relato del Bautismo de Cristo está tomado del Evangelio según san Lucas. La escena del bautismo de Jesús culmina en una manifestación maravillosa. Se abre el cielo, desciende sobre Jesús el Espíritu Santo, se oye la voz del Padre que anuncia la afiliación divina de Jesús y su complacencia en su Hijo. Padre, Hijo y Espíritu Santo se manifiestan. Antes de escuchar éste relato, cantemos el aleluya, de pie, por favor.

Oración Universal:
1. Para que todos los bautizados en Cristo, amados y elegidos de Dios, ungidos por el Espíritu Santo, pasemos, como Cristo, haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, roguemos al Señor.
2. Para que los padres cristianos, al presentar a sus hijos para el bautismo, sean conscientes de su responsabilidad de transmitirles la vivencia de su fe, roguemos al Señor.
3. Para que cuantos se sienten oprimidos y habitan en las tinieblas abran las puertas a Cristo, luz de las naciones, roguemos al Señor.
4. Para que nuestros trabajos, quehaceres, obligaciones, cargos, imitemos a Cristo, que no vino a ser servido sino a servir, roguemos al Señor.

Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 443)

Hoy te bendecimos a boca llena, Señor Dios nuestro,
porque en el bautismo de Jesús realizaste signos visibles
que anunciaban el nuevo bautismo en el agua y Espíritu,
e hiciste descender tu voz desde el cielo para que el mundo
creyese que tu Palabra, Cristo Jesús, habitaba entre nosotros.
Así lo ungiste con el Espíritu como Mesías elegido
y enviado a anunciar la salvación a los pobres. ¡Gracias!

Gracias, Señor, también por nuestro propio bautismo
que nos incorpora a Cristo, a su muerte al pecado y
a su resurrección a la vida nueva que de ti recibimos
por medio de Jesús, tu hijo y nuestro hermano mayor.

Amén.

El Bautismo del Señor

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Sagrada Escritura:

  • Primera: Is 40, 1-5.9-11;
  • Segunda: Tit 2, 11-14; 3, 4-7;
  • Evangelio: Lc 3, 15-16.21-22

el bautismo de jesusNexo entre las lecturas

Sin que aparezca la palabra novedad, nuevo en los textos litúrgicos, todos ellos se refieren, en cierta manera, a la novedad de la acción de Dios en la historia. Es nuevo el lenguaje de Dios en Isaías: “ha terminado la esclavitud…, que todo valle sea elevado y todo monte y cerro rebajado…, ahí viene el Señor Yahvéh con poder y su brazo lo sojuzga todo”. Es absolutamente nuevo que Jesús sea bautizado por Juan, que el cielo se abra, que el Espíritu descienda en forma de paloma, que se oiga una voz del cielo: “Tú eres mi hijo predilecto”. Es nueva la realidad del hombre que ha recibido el bautismo: “un baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Señor”.

Mensaje doctrinal

1. La novedad viene de Dios. El hombre, desde los mismos inicios, lleva en sí el deterioro y la vieja carne del pecado. En ella está inmerso, como en un pozo profundo, del que es imposible salir por sí mismo. Como se trata de una realidad común a toda la humanidad, tampoco nadie, por su propio valer y querer, puede ayudar a otros a salir. Esta es la triste condición humana. El hombre puede gritar, desesperarse, blasfemar; o puede sentir el peso de la culpa, pedir perdón y ayuda, esperar. Lo que está claro es que sólo Dios puede echarle una mano; sólo Dios puede cambiar su vieja carne en pura novedad de gracia y misericordia. Está igualmente claro que Dios quiere echar una mano y actuar en favor del hombre, porque “ha sido creado a imagen y semejanza suya”. La liturgia presenta tres momentos históricos de la intervención de Dios: primero interviene para liberar al pueblo israelita de la esclavitud de Babilonia (primera lectura), luego para revelar al mundo la filiación divina de Jesús (evangelio), finalmente para manifestar a los hombres la nueva situación creada en quienes han recibido el bautismo (segunda lectura). La consecuencia es lógica: Si Dios ha intervenido en el pasado con una irrupción de vida y esperanza nuevas, Dios interviene en el presente e intervendrá en el futuro, porque el nombre más propio de Dios es la fidelidad.

2. La novedad es invisible. La novedad que Dios infunde en el corazón de los hombres incide y repercute en la historia, pero en sí es invisible, interior, netamente espiritual. Primero hace nuevo el corazón, luego desde el corazón del hombre y con la ayuda del hombre, trasmuta también la realidad histórica. En los exiliados de Babilonia primero creó la añoranza de Sión, el deseo y la decisión del retorno, luego dispuso los hilos de la historia para que tal deseo y decisión llegase a cumplimiento. En el caso de Jesús, la teofanía del bautismo nos hace descubrir una novedad inicial, que se irá desplegando a lo largo de toda su vida pública y sobre todo en el misterio de su muerte y resurrección. La novedad del bautizado sólo se irá percibiendo con el tiempo, en la medida en que exista una coherencia vital entre la novedad infundida por Dios y la existencia concreta y diaria del cristiano. Para quienes juzgamos desde fuera, no pocas veces resulta difícil desvelar la relación entre la novedad interior y sus manifestaciones históricas en la vida ordinaria de cada ser humano. Por eso, ¡cuán difícil es juzgar sobre la vida verdadera, la interior, de los hombres, y con cuánta facilidad nos podemos equivocar!

3. La novedad es eficaz. Si viene de Dios, no puede ser de otro modo. La acción de Dios se lleva a cabo, si el hombre no la obstaculiza. La teofanía que nos narra el evangelio supuso el que Jesús, Hijo de Dios, fuese bautizado por un hombre, Juan; sin esta acción de Jesús, tal teofanía no hubiese tenido lugar. La regeneración y renovación interior del hombre están aseguradas, “si el hombre renuncia a la impiedad y a las pasiones mundanas” (segunda lectura), que como tales impiden cualquier acción del Espíritu de Dios. Por otra parte, hemos de admitir que la eficacia de Dios no es manipulable a nuestro antojo y arbitrio. Dios muestra su eficacia cuando quiere y como quiere. No son los exiliados en Babilonia los que ponen a Dios los plazos y modos de actuar para librarlos de la esclavitud; es Dios quien los determina y los realiza.

Sugerencias pastorales

1. Bautismo, epifanía de Dios. En el evangelio el bautismo de Jesús es una epifanía. Eso mismo debe ser el bautismo del cristiano: una epifanía de lo que Dios es y de lo que Dios hace en el hombre. El bautizado, podríamos decir, es un hombre en quien se manifiesta el Dios trinitario, en virtud de la relación personal que mantiene con cada una de las personas divinas. Como hijo del Padre vive una verdadera relación filial, sobretodo en la oración y adoración. Como redimido por el Hijo y sumergido en su misma vida, entabla con él una relación principalmente de seguimiento e imitación. Como templo del Espíritu Santo, vive con la conciencia de una relación sagrada, santificante, vivificadora de su existir cotidiano, modeladora de su vida familiar, profesional y social. El bautizado es al mismo tiempo epifanía de la acción de Dios en el hombre: una acción purificadora, que manifiesta el perdón de Dios; una acción transformante, que pone de relieve el poder de Dios; una acción unificadora de las energías y capacidades del cristiano, que subraya el misterio unitario de Dios; una acción vivificante, que revela, por medio del hombre, la extraordinaria vida de Dios uno y trino… Es importante que la predicación y catequesis tengan muy en cuenta y desarrollen y expliquen estos aspectos espirituales y pastorales del sacramento del bautismo. Así el bautismo no será el sacramento de la “inconsciencia”, sino el sacramento de la epifanía diaria de Dios en la vida, en la fe y en el obrar del bautizado.

2. Bautizados para siempre. En el catecismo se dice que el bautismo imprime carácter, es decir, el bautismo se recibe una sola vez y para toda la vida. ¿Qué pasa, entonces, cuando no se vive como cristiano? ¿cuando se reniega de la propia fe? ¿cuando se cambia de religión y credo? La huella de la impresión bautismal queda. Una huella que es memoria, y es invitación: “Recuerda que eres un bautizado”, “Sé lo que eres, vive lo que eres”. Eres libre, pero la huella divina te indica el verdadero camino para tu libertad, lejos de los espejismos engañosos. ¿Y qué pasa con el bautizado que quiere vivir como bautizado? Tiene que ratificar cada día con la vida la huella divina, que lleva impresa. Tiene que testimoniar decididamente y con valentía la transformación que Dios ha operado en su ser por el bautismo. Tiene que ser un bautizado que viva consciente de su bautismo día tras día, por siempre.

Autor | P. Antonio Izquierdo
Imagen | kuxx-divinamisericordia.blogspot.com