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Evangelio según San Juan. Capítulo 1, 11-18
El nacimiento del Salvador: la muerte de la muerte
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre. Es Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. |
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Meditación del día
La Palabra es vida; Dios es vida; Jesús es vida. Jesús, que es Dios Hijo, en Su Alma vivía siempre como vive, siendo Dios Uno y Trino y por Cristo, por Jesús, por Dios hay vida, vida eterna y vida terrena. Él es la Luz.
Al Principio existía la Palabra; Dios Hijo no se había hecho hombre en las entrañas purísimas de María Virgen, consagrada por su palabra dada a Dios. Al principio la Palabra estaba junto a Dios, por Ser el Verbo, la Palabra de Dios, Dios Hijo; la Persona Divina de Dios Hijo, que vivía junto al Padre, junto a Dios, quien dando orden, con Su Palabra ordenó al Arcángel Gabriel que visitara a María, criatura humana, para poder dar con su Palabra, su sí a la voluntad de Dios el sí en los labios de Dios mismo en Jesús, de aceptar la Cruz.
Tú, amigo, únete, a la Palabra, y pronuncia sí, a la voluntad de Dios, que no es fastidiarte la vida; que no es renunciar a ser feliz; al contrario; es ajustar tu conducta a lo que eres, una persona amada por Dios tu Padre, por Dios tu Hermano, por Dios tu Consuelo de Amor. ¡Déjate consolar por la Palabra de Dios! Lee la Biblia y medita la bondad en tu corazón. La bondad es amar. ¿Amás tú? ¿Te amas a ti mismo?…
No, a veces no te amas. Y no te amas a ti mismo cuando dices NO, a Dios.
Di SI a todos y cada uno de los Mandamientos, di SI, con tu palabra de estar con Dios, por vivir en Su Gracia, por confesar tus pecados y faltas, por comulgar, por ser luz; la luz de la paciencia de esperar la bondad de los demás; la luz de la paciencia de rezar por ti y por ellos; la luz de la paciencia de dar bien por mal. Y la Palabra de Dios, que es el Verbo encarnado, viviendo en ti, te cubrirá de besos y serás feliz, solo con ser bueno. No hay nada que haga más feliz al hombre que ser bueno. ¡Prueba a serlo! Verás, amigo, amiga, verás como dejas de decir palabras vanas para ponerte a sonreír, por la alegría que vivirá en ti.
Sirve a Dios. Se bueno de corazón. ¡Es la mejor lotería de hoy! Es la suerte de ser casi perfecto.
La bondad sustituye a la belleza física, la bondad suple la pasión carnal. Uno usa de la belleza física y la pasión carnal un tiempo en un mismo día, porque el cuerpo no da para más; pero la bondad se usa durante este tiempo de goce físico y pasión carnal y en todo tiempo. No hay caricias sexuales más excitantes que las que son derramadas con la bondad de corazón; nadie ha disfrutado más del sexo matrimonial, que el que es bueno, buena, aunque no sea bello o siendo bello además es bueno, buena.
La bondad es para los hombres como la Palabra de Dios, Jesús, que lo resistió todo, lo sufrió todo por amor a ti, a Dios, a Sí Mismo.
Sé bueno, sé buena y se palabra, sé luz y Ama.
P. Jesús
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Posteado por: hadarosa | Enero 4, 2009
Evangelio del día Domingo 4 de Enero de 2009
Escrito en Evangelio | Etiquetas: Evangelio, meditación, san juan





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